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Un torneo de aprendizaje: el emotivo final de Dragon Ball Super

March 26, 2018

Por Constanza Veloso Luarte

 

 

 

Tras un año y casi dos meses desde su inicio, ayer 25 de marzo, finalmente vimos el final del famoso Torneo de Poder que marcó la cumbre de Dragon Ball Super. La serie, que contó con cuatro sagas introductorias, vino a concluir con una quinta en la que todos los precedentes cobraron sentido: los dioses de la destrucción, los viajes en el tiempo, los ángeles, el Rey de todo…esos pequeños fragmentos que fuimos conociendo desde La batalla de los dioses, finalmente se desplegaron en este torneo que también vino a revivir la esencia de combates y luchas “casi mortales” que caracterizaron a Dragon Ball Z; fue la saga más esperada, y la que, definitivamente, se lleva todos los méritos.

 

Aunque lo más destacable fueron los combates que emocionaron a cientos de fanáticos del mundo, esta saga esconde mucho más que eso. Y es que, si alguna vez pensamos que Dragon Ball había perdido el rumbo con batallas monótonas y sin sentido, el Torneo de Poder vino a entregarnos, por primera vez, una seguidilla de peleas y una guerra final que, lejos de la vacuidad, estuvo llena de propósitos y metas por cumplir. Ese “ir más allá” de lo simple, que algunos esperábamos con ansias, por fin tuvo cabida en la serie, pues Toriyama (Y Toei, hay que decirlo) logró juntar la adrenalina de los combates con el tópico literario más característico de su obra: el viaje: un viaje que, como en este caso, no necesita cambios de lugar, pues su propósito es el aprendizaje y el cambio a través de la experiencia, y eso fue exactamente lo que vivieron nuestros protagonistas y todos los participantes en este torneo.

 

¿Recuerdan que en la primera serie casi todo giraba en torno al viaje del pequeño Gokú, que viajaba por el mundo en su nube voladora en busca de las esferas del dragón y, de paso, acabando con los malos? Esos viajes, esas aventuras, ese crecimiento tanto a nivel personal como de combate, encuentran su versión más trascendental y compacta en esta saga que propone un nuevo crecimiento.

 

El torneo reunió a personajes que por mucho tiempo estuvieron rezagados, como Krilin, Ten Shin Han y el maestro Roshi; a los androides, que hasta hace poco no habían tenido mucha participación, especialmente el androide 17; e incluso al siniestro Freezer, quien, de manera inesperada terminó convirtiéndose en el último integrante del equipo, para sorpresa de muchos; todos unidos por un solo propósito: impedir la destrucción de su universo. A partir de esta premisa, todo empieza a tomar vuelcos distintos a medida que avanzaba el tiempo en combates.

 

De manera inesperada, vimos como los androides comenzaron a ensanchar relaciones con Gokú y los otros, e incluso como volvían a relacionarse entre sí, mostrándonos por primera vez la enorme capacidad de su trabajo en equipo. Vimos el poder del amor entre Krilin y 18, que fue capaz de vences al amor superficial y trillado del Universo 2; vimos al maestro Roshi mostrarnos una vez más porqué fue alguna vez el hombre más fuerte del mundo; a Gohan sacrificarse como líder del equipo y a Piccolo trabajar en conjunto con su discípulo como nunca antes. Vegeta nos sorprendió con su afecto y compromiso hacia Cabbe y a su propia familia, y 17 nos enseñó lo mucho que ha cambiado en estos años de ausencia en los que se volvió más humano que muchos de los personajes. Pero además de todo esto, una de las cosas más impactantes fue descubrir nuevas facetas en la personalidad de Gokú. Aquel guerrero que siempre fue considerado un héroe bondadoso y desinteresado, pasó a convertirse, a ojos de muchos, en un villano egoísta que solo busca su propio placer en las peleas; actitud que fue sustentada durante toda la serie, y aunque esto no deja de ser cierto, creo que lo más certero acerca de nuestro reconocido protagonista, fue lo que él mismo dijo en el penúltimo episodio: «No soy un héroe de la justicia, pero si alguien lastima a mis amigos…¡no lo perdono!» A fin de cuentas, creo que eso es todo lo que hay que entender sobre Gokú: es tiempo de dejar ir esa imagen de super héroe y admitir que es tan solo un guerrero insaciable que siempre guardará un lugar muy especial en su corazón para sus seres queridos.

 

 

Pero esto no es todo. Si hay algo más impactante que descubrir una nueva faceta de Gokú, es descubrir una nueva faceta de Freezer. El «villano por excelencia» que nos tuvo con el alma en un hilo durante todo el torneo con sus ególatras intenciones ocultas, terminó, en el último episodio, convirtiéndose en un aliado más, haciendo equipo con 17 y…¡con Gokú!, sí, con Gokú. Si no lo veo, no lo creo. Y a pesar de que todavía es muy pronto para llamarlo «bueno» o «uno más del equipo» creo pertinente asumir que tuvo un desarrollo y un cambio en su personalidad, no menor, que puede que a futuro tenga sus consecuencias, porque, como sabemos, Freezer volverá a las andadas.

 

 

Luego de una guerra que acabó con varios universos, que llevó a los personajes a sus límites, y a nosotros, los fanáticos, al borde de la locura con teoría tras teoría (el doble de Hit, Daishinkan, el malvado, la traición de Freezer, etc.) tuvimos un desenlace esperado: el universo 7 vencedor; con un ganador inesperado: androide 17; con un deseo esperado e inesperado simultáneamente: la resurrección de los universos; y un trasfondo que, creo, pocos o nadie se esperaba: la esperanza de Zen-oh sama de que el guerrero ganador fuera lo suficientemente virtuoso como para considerar a los otro universos. Así, un año y dos meses de teorías conspiratorias se esfumaron en cuestión de segundos al enterarnos de que nunca hubo malas intenciones de soslayo, sino todo lo contrario: el torneo de poder fue una prueba de virtudes y defectos y, finalmente, de la calidad humana de cada universo.

 

 

Creo que es la primera vez en toda la historia de Dragon Ball que tenemos batallas tan intensas sin necesidad de un enemigo definitivo (o final boss), y en que, al igual que en sus inicios, se busca apelar a los valores y al sentido de humanidad, amor y compañerismo entre los personajes. De esta manera, Toriyama nos devuelve un poco de lo que fue Dragon Ball en sus comienzos y, sin necesidad de profundos trasfondos o giros dramáticos, nos entrega un panorama distinto, con batallas emocionantes (algunas incluso más que las de Dragon Ball Z) pero con un sentido más valórico, que fue parte de lo que nos sacó lágrimas en ese último episodio. Una vez más nos recordó que Dragon Ball es un homenaje a la amistad, al compañerismo y al trabajo en equipo, algo que el propio Jiren fue capaz de comprender en el último momento. Porque lo que ni siquiera su enorme poder puedo hacer, lo hicieron Gokú y sus compañeros trabajando en equipo. Toda una lección de amistad, compromiso, compañerismo y humildad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Dragon Ball Super ha sido una serie tremendamente criticada, tanto por fanáticos, como por detractores y que, en efecto tuvo muchos fallos difíciles de perdonar, pero creo que, mirando hacia atrás, todo cobra sentido al final de este torneo en que definitivamente vimos a nuestros personajes crecer como nunca antes, conocer nuevas facetas de su personalidad, y arriesgarse a trabajar en equipo como nunca pensaron hacerlo. Todo esto en los 45 minutos que duró el torneo (para ellos…claro está). Llegados a este final no puedo hacer más que emocionarme y aplaudir la elección de Toriyama en esta saga en particular, pues creo que, por primera vez en mucho tiempo, nos entregó algo nuevo, fresco, sin perder a las peleas que tanto gustan a todo el mundo. Aquello que Toei intentó hacer con Dragon Ball GT hace ya décadas, Toriyama lo hizo con una gracia, simpleza y honestidad tales, que nos hicieron terminar el episodio final con una sonrisa en el rostro y los ojos brillantes de lágrimas. El torneo de poder fue un verdadero viaje del héroe, resumido y acotado en espacio y tiempo, pero que logró, en todo el estilo Dragon Ball, su cometido tal y como muchos lo esperábamos. Prueba de ello es toda la atención mediática que ha conseguido la serie en estas últimas semanas, y la emoción de los fanáticos que se reunieron a ver estos capítulos entre todos.

 

 

Con esto, Dragon Ball Super devolvió a la serie ese espíritu que nos encantó a muchos de pequeños y que la llevó a convertirse en la serie más popular de Latinoamérica, y probablemente, del mundo entero.

 

Sin más que agregar, cierro este review con el mayor de los agradecimientos a Toriyama y a Toei por esta nueva serie que nos mantuvo ilusionados durante poco más de dos años, y que, sin duda, promete volver, esperemos que muy pronto.

 

 

¡Nos estamos leyendo!

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